22 de mayo de 2009

Viaje a Liverpool







Liverpool allá vamos




Llegamos el jueves a las 8 de la tarde. Nos teníamos que dar prisa porque nos esperaban en el hostal y no sabíamos qué autobús debíamos coger para llegar a él.



Nada más salir de la terminal, ¿con qué nos encontramos? Con el Submarino Amarillo de los Beatles, sería el primer encuentro con las alusiones a estos reyes del pop sesentero que jalonan la ciudad. Bueno, el primero el primero es en realidad el nombre del aeropuerto, que se llama… John Lennon. Si es que son originales los liverpulienses!



La primera persona a la que pregunto si conoce el número de bus que lleva a Edge Hill está comiendo cualquier cosa sentado en el asiento del conductor. Me dice que nunca ha oído la calle donde está el Hostal. Claro, si es que esto es mu grande, cómo lo va a saber!!



Seguimos preguntando, así me pasaré todo el fin de semana, preguntando. Al final cogemos uno que nos lleva al centro y ahí continuaremos confiando en que la gente sea gentil y nos indique cómo seguir nuestro camino. Y así es, ciertamente. El autobusero no sólo nos dice dónde coger el siguiente bus, sino que llama a los postman (¿?) para preguntárselo él mismo. Qué majete.
En fin, que llegamos a los hostal, mirando con curiosidad cada casa, cada rincón. Hay una torre como el pirulí en el centro de la ciudad. El autobusero nos dice que allí está el centro y nos da un mapa. Toma generosidad.



En el Inn Comfort, el hostal, ya nos está esperando Pamela (a partir de ahora Pamela Anderson, para nosotros), una mujer de amplia sonrisa y gran tallaje, que nos muestra nuestra habitación, lo baños, los ingredientes para hacernos nosotros mismos el desayuno y, además, nos acerca al centro en su coche, para que podamos cenar.



Ya era la hora de la juerga, digamos, porque nos costó encontrar sitio para cenar, si es que el horario aquí es diferente, bueno más o menos como en Palma de Mallorca. Al final nos metimos en un buffet asiático con un precio razonable para nuestro humilde bolsillo.



Frente al buffet, la zona de bares, de pubs (perdón). Paseamos pero no nos convence ningún local, la música está muy alta. Hay muchas gordas por metro cuadrado, si comen en Fish and Chips es comprensible. Las mozas son unas frescas. No me refiero a su desparpajo con el sexo opuesto, sino a que visten como… como frescas, vaya. Vestidos con escote palabra de honor, zapatos de plataforma y taconazo (todo junto), sin medias, sin chaquetita porsiacaso, y horteras, pero mucho. Con razón la moda inglesa no es puntera en el mundo.



Ante semejante espectáculo y con más ganas de aprovechar el día siguiente que de quemar la noche rodeados de niñatos con sobrepeso, nos volvimos al hostal.



Cogimos un taxi. Aquí todos los taxis son autos de estilo antiguo, tipo Chicago años 30.
Esa noche comprobamos que el colchón del hostal Inn Comfort no era confort para nada. Los muelles dejaron mella en nuestros rechonchos cuerpecitos.

Día de visitas


Nos levantamos pronto, aquí amanece más temprano (no por ello Dios ayuda más a los ingleses, ¿o tal vez sí?). En cualquier caso madrugamos, aún llevábamos el horario español, una hora más.
Fuimos al supermercado, que abre incluso los domingos, para comprar algunas cosillas para nuestro desayuno, ya que lo que había en el hostal (tostadas y cereales) no lo podemos comer ya que seguimos una dieta que elimina las harinas, el trigo y el maíz. Qué cosas. Así que cogimos huevos, jamón de York (igual allí es más de York que en ningún otro sitio, claro), y unas uvas que estaban deliciosas.



Después de nutrirnos para las siguientes dos horas (o asín), bajamos a la ciudad. Los autobuses pasan cada 7 minutos, pero creo que nunca llegamos a esperar el tope. Y los conductores son muy amables, todos nos indicaban dónde teníamos que bajarnos y cuál era el billete que mejor nos convenía. Aún así el transporte es caro. Nos costaba el day ticket (o ticket para un día) 3,30 pounds, o sea libras.



Llegamos hasta el muelle Albert (Albert´s Dock). Liverpool está al borde de una gran ría y se divide entre las dos orillas, aunque nosotros no llegamos a cruzar a la otra parte. El muelle de Alberto está rodeado por varios edificios formando un cuadrado cerrado al que los barcos acceden bajo pequeños puentes. En estos edificios hay distintos museos. Nosotros visitamos el Marítimo, que alberga maquetas de enormes transatlánticos, como el Titanic, que acabaron sus días bajo las aguas frías del océano. En Liverpool estaba la principal naviera y allí se guarda el modelo de la campana del Titanic; una campana de unos 80 centímetros de alto. Y digo yo, dónde coño estaba situada esa campana en el famoso barco. Quizás fue la que hicieron sonar cuando chocaron contra el iceberg que rompió el casco y provocó la catástrofe. Aún hoy en las gélidas noches de abril (que seguro que en primavera todavía son gélidas, ¿o qué os creéis, merluzos?) la triste canción de su ding dong se deja oír en lo más profundo del mar.



Además el museo alberga un misil de submarino, de los que se utilizaban durante la Segunda Guerra Mundial, enorme.



De ahí nos fuimos dando un paseo bajo los arcos del muelle hasta la Tate Gallery, una galería de arte contemporáneo. Había un Dalí, un Picaso, un Cadler (el de los móviles), un urinario del revés, unas pelotas de baloncesto suspendidas en un gel transparente y demás objetos convertidos en obras inmortales. Interesante.



Tras embriagarnos con la visita cultural, decidimos embriagarnos con algo más material: unas cervecitas. Así que nos dirigimos en búsqueda de la calle donde está el Cavern, el pub donde los aclamados Beatles hicieron sus primeros pinitos. La calle en cuestión se llama Mathew´s Street (porque aquí las calles se les dice estríts, aunque parezca mentira).



Serían las 12 del mediodía y unos pocos turistas descendimos las dos plantas que preceden la Caverna con curiosidad: “A ver qué antro fue el que acogió por primera vez a las cuquis”. Tiene su encanto, la verdad. Las paredes son de ladrillo visto y están llenas del sello de otros turistas que han dejado su nombre, su procedencia y fecha de visita. Ups, no tenemos rotulador. Nos bebemos una pinta, de las grandes, nada de tonterías. Es que el arte da mucha sed. The Cavern tiene toda la pinta de haber sido un refugio, o una antigua bodega, el techo es abovedado y mientras estuvimos allí sólo escuchamos a… ¿quién? Pues a los Beatles, fácil.



Aunque el Cavern tiene el privilegio de haber sido el lugar donde nacieron los poperos más famosos de los 60, toda la calle está lleva de alusiones a la banda y otros bares y pubs se apropian de su imagen. De hecho justo enfrente del Cavern Club, el auténtico, está el Cavern Pub, una imitación del primero.




En otro pub conocimos a una pareja de jubilados muy simpáticos. La señora quería que yo le enseñara a bailar flamenco. Encantadores. Al día siguiente nos los volvimos a encontrar en el centro.





De compras




En Liverpool One, la zona comercial, está una tienda que tiene verdaderas gangas, Primark. Fernando se volvió loco con las camisetas. Por primera vez experimenté esa sensación en la que el chico es quien se llena el probador de artículos y se lo lleva todo, y aún más, quiere seguir comprando, jejejeje.



Bueno, yo también hice de las mías. Un bolso que muchas catalogarían de "ideal", y varios pares de zapatillas deportivas.



Uff, qué mañanita de trajín. Hay mucho ambiente. Lo malo, de nuevo, encontar un sitio donde comer en un local donde no anuncien grill como especialidad culinaria. Acabamos comiendo una ensalada.



Al salir del local está lloviendo. Iba a ser mucha suerte sin que nos mojáramos en Inglaterra.



En definitiva, recomiendo una visita a esta ciudad. Si puedes pillar una oferta de vuelo un fin de semana es suficiente para ver lo más importante. No estuvimos en Penny Lane Street, pero pasamos cerca de vuelta al aeropuerto y, desde el autobus de dos plantas (típico, que no nos quisimos perder, fuimos arriba, claro, en primera fila), nos dimos cuenta de lo amplia que es la ciudad, y lo bien conservada que está, con casitas bajas, sus pubs con fachada de madera, y su tranquilidad.