31 de marzo de 2009

Entrevista con... Rubén Martín Molina


Estar con él y que se te carguen las pilas es inevitable. A Rubén lo conocí en Madrid y compartimos piso y cuatro años de alegría. Es mi otro hermano, sin robarle protagonismo a mis congéneres. Apasionado, vital, cariñoso, constante, inteligente, Rubén es difícil de olvidar, por eso va dejando huella en cada corazón con el que se cruza.
Desde pequeño tuvo claro que sería bailarín, y lo es, gracias a su tesón y a que pone todas sus energías en cada nuevo proyecto. Además de pisar los escenarios –ha pasado por Italia, Estados Unidos, Suiza…- y las salas de baile más importantes de España, ha trabajado en televisión e incluso ha participado en videoclips –con Rosario Flores compartió alguna pataíta-. Recién venido de su última gira por China, se toma un momento de relax en Londres, donde perfeccionará el uso del This international.

“La mayoría de los bailarines en España no podemos mantenernos en una compañía fijos”
Edad: 23 añitos como 23 primaveras
Sexo: El que puede y más
Profesión: Bailarín hasta la médula
Nacido en: Córdoba
Nacionalidad: Terrícola, allá donde va se siente en casa
Un deseo: Ser feliz
Un proyecto: Bailar con su propia compañía en su ciudad natal
Una manía: No soporta ver las botas encima de la mesa del camerino
Alguno de sus éxitos: Haber bailado con el maestro Granero
En la tele se habló de él: Por ser el "dientes dientes" que se marcaba unos pasitos con la Pantoja

Pregunta.- ¿Qué es lo que hace de un bailarín, un bailarín?
Respuesta.- Un bailarín, al igual que cualquier otra disciplina física o artística, se forma y se hace a base de disciplina y dedicación absoluta de toda tu vida a la danza. Con esto quiero decir que un bailarín no puede desconectar una computadora, no puede cerrar un programa, su cuerpo no tiene un horario para cerrar los comercios y para auscultar a un paciente, el bailarín lleva su cuerpo encima las 24 horas del día de toda su vida y, evidentemente, las 24 horas del día está bailando; porque hasta el más mínimo movimiento tiene ritmo. En nosotros el compás esta interiorizado, al igual que cualquier otro instrumento.

P.- ¿A qué tuviste que renunciar para convertirte en un profesional?
R.- He tenido que renunciar a poder estar cerca de mi familia, de la cual me acuerdo mucho y añoro en muchos momentos, sobre todo en los momentos positivos que me ocurren a miles de kilómetros de donde están ellos. Pero, sin embargo, a cambio la danza me ha dado, me da y me seguirá dando -espero muchos años- muchísimas satisfacciones. Lo cual me compensa, ya que los míos están plenamente felices de que mi trayectoria cada vez avance un poquito más.

P.- ¿Quiénes fueron tus maestros y con qué te quedas de cada uno?
R.- A día de hoy te podría marcar un sinfín de maestros, y de cada uno de ellos he aprendido mucho. Pero si he de destacar alguno, destacaría en primer lugar a Nieves Camacho porque es como el primer amor, pero en este caso es la persona con la que tuve mi primera toma de contacto con el flamenco; y en segundo lugar -y sin ninguna a duda- el maestro Granero, del cual no podría seleccionar su aprendizaje, ya que su maestría empezaba desde el primer saludo del día al llegar a los ensayos hasta la despedida, era una persona inundada de cultura.

P.- La carrera de un bailarín tiene fecha de caducidad, ¿qué se puede hacer para no caducar? ¿Cómo reciclarse y no morir en el intento?
R.- Pienso que nosotros no caducamos y la prueba está en que actualmente hay grandes figuras de la danza que ya con una larga edad se suben al escenario y su magia sigue impresionando como la primera vez; y eso es inexplicable.Lo que sí es cierto es que tu cuerpo, como el de cualquier ser humano, te recuerda de vez en cuando que tus músculos y huesos se van debilitando. Pero la energía, esa energía interior, siempre la tenemos, y eso es al final lo que irradia y lo que llega al patio de butacas.

P.- Os movéis en el filo que distingue el éxito del fracaso, ¿eso os hace personas más fuertes o más proclives a la frustración?
R.- En realidad no encuentro medida, porque cada bailarín es muy diferente y lo que sí está claro es que somos personas con una sensibilidad muy desarrollada. Creo que realmente nos afecta todo pero al igual que cuando interpretamos un papel determinado. Nuestra capacidad artística y técnica nos permite cambiar de registro e introducirnos en ciertos papeles y realmente meterte en la piel del personaje y llevarlo al extremo y otras tantas cosas más; tenemos la capacidad para que en nuestra vida, inestable en muchos aspectos, ese tipo de cosas las termines asimilando como algo normal.

P.- ¿Cuáles son los oscuros objetos del deseo de los bailarines? Manías, fetiches, supersticiones, zapatos preferidos...
R.- Como bien me conoces, no soy una persona especialmente maniática ni tengo ningún amuleto que me acompañe ni adelanto un pie al otro; en realidad soy un poco más práctico para todo este tipo de cosas. Lo que sí es verdad es que me inundo muchísimo por la energía de los demás, sobre todo si es buena.Hay una cosita que me dejaba guardada y es que nunca puedo ver unas botas encima de la mesa de camerino, fíjate tú...

P.- Si no hubieras sido bailarín, ¿qué hubieras sido?
R.- Pues al no haber sido bailarín… hubiese sido bailarín (risas). La verdad es que no me hubiese planteado otra profesión, desde muy temprana edad tuve claro cuál sería mi vida.

P.- Los jóvenes siguen y admiran a los concursantes de Operación Triunfo, Fama, Factor X, Tú si que vales, Circus,... y crecen con la sensación de que esto del espectáculo es fácil, ¿realmente lo es?
R.- Los jóvenes pueden ver una micro realidad, pero, en base, eso no es el trabajo de un artista.

P.- ¿Qué consejos darías a un quinceañero que quiera seguir tus pasos?
R.- Respeto y amor a la danza, y a los que nos la trasmiten.

P.- Háblame de tus años en Madrid, háblame de ti, de tu soledad... háblame sobre todo, de lo de fuera de la profesión: las amistades perdidas, las encontradas, los amores, las ilusiones, las noches de insomnio. ¡Madre mía, lo que te pido!
R.- Hablarte de mí me llevaría horas, ya que somos un animal complejo (risas). Fuera de los escenarios la vida es muy similar a la de cualquier persona, aunque hay que matizar algunos detalles. En las profesiones artísticas te cruzas con miles de personas con las que tienes unos lazos de conexión muy fuertes, ya que se trabaja mucho con la energía que la otra persona te transmite en escena, en un ensayo, etc. Pero sí es verdad que todo es en cortas temporadas y, desgraciadamente, la mayoría de los bailarines en España no podemos mantenernos en una compañía fijos -durante un largo periodo de tiempo-, porque si eso pretendiésemos no podríamos vivir.
Pero siempre estará esa gente fija, que conoces en otros lugares y también dentro de la danza, que estarán para toda la vida. La amistad es eterna y pienso sinceramente que al no tenerlos cada día cerca de mí la valoro muchísimo y disfruto intensamente de los pocos y muy buenos ratos en que podemos estar juntos.
En alusión a las ilusiones y proyectos tengo mil, y lo bueno es que cada día me levanto con uno (risas). Eso también tiene que ver con que a mi corta edad no todo puede ser disciplina y seriedad ya que en mi vida también hay un punto muy divertido. Ahora, algo que tengo claro, es que poco a poco todas mis metas se cumplen y se cumplirán.

P.- Y ahora sueña, sueña en voz alta y cuéntame qué deseas para tu futuro.
R.- Para el futuro deseo seguir tan feliz como en este momento y ver cumplir, alguno de esos proyectitos de los que hablaba antes.

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