23 de enero de 2018

Gente sin conciencia

Hay una cosa que no soporto de la gente, de mis conciudadanos, de mis congéneres, de los seres humanos en general... UNA de las cosas que no soporto de ellos (porque hay más). Y digo de ellos porque en este caso me autoexcluyo, yo no soy así. Este defecto de fábrica es la falta de conciencia, en general, pero en particular la falta de conciencia espacial y corporal que tan a menudo demuestran.

Un carrito abandonado por una 
persona sin conciencia espacial.
Pondré ejemplos de esta tara humana que me crispa los nervios habitualmente:

  1. Las personas que tras bajarse de un medio de transporte, tal que el autobús o el metro, se paran inmediatamente delante de la puerta obstruyendo el paso a los demás que siguen saliendo. Lo mismo sucede si en vez de bajar suben. Entran como si nadie más quisiera hacerlo y se parapetan justo al borde de la puerta.
¿Qué me apetece decirles? “¡Pero te quieres quitar de en medio cabeza de chorlito! ¿Por qué narices no te detienes a mirar tu móvil, o a encender tu cigarro o a pensar “y ahora hacia dónde voy” unos metros más adelante para que el resto de pasajeros pueda salir o entrar sin tener que esquivarte o chocarse contigo?”

  1. Las personas que en el supermercado dejan su carrito campar a sus anchas en todo el medio del pasillo mientras eligen la lechuga perfecta o leen la etiqueta del aftershave, y no se percatan de que el artefacto interrumpe el paso de los demás compradores, que les miran atónitos. Bueno, al menos yo lo hago.
¿Qué me apetece decirles? Sinceramente me apetece decirles poco, más bien me apetece coger su carrito y colocárselo de capucha.

  1. Las personas que caminando por una acera estrecha junto con hijos/amigos/familiares en plan grupo te ven venir enfrente, solo/a, y no se apartan ni un centímetro -ya que se sienten muy orgullosos de ser gilipollas-, obligándote a ti a bajarte de la acera y a caminar por la carretera expuesta a los vehículos que por ella circulan, para poder continuar tu camino.
Tampoco a estos les diría nada, pero desearía convertirme, así de repente, sin avisar, en una enorme roca rodante a 100 Km por hora desbocada acera abajo y llevármelos por delante como a palitroques inertes.

Pero no, ni digo ni hago nada porque estoy bien educada y porque si dices algo en estos tiempos de cólera, igual te estampan una bofetada aunque hayas sido de lo más cortés. Así que una se aguanta y a lo sumo les pone mala cara, pero como la ignoran porque no tienen ninguna conciencia espacial ni de quien les rodea pues no te ven mirarles mal. ¡Cachis!

Y yo me pregunto, si esta gente, que son muchooooosss, son legión, señores y señoras, no se percatan del resto de seres vivos que tienen a su alrededor, cómo se van a preocupar de que el resto de la sociedad esté bien o mal. Les importa un carajo. Las personas que carecen de conciencia espacial, me atrevo a decir, carecen de conciencia en general (espiritual y social).

Son seres con un ego muy subidito de tono.
Son los que tiran los papeles en la calle (algunos incluso atreviéndose a decir que así “dan trabajo” a los barrenderos como si fueran ellos los que les dan el trabajo por limpiar las basuras que cretinos de esta índole tiran al suelo), y no contentos con ensuciar sus propias ciudades llenan de basura la playa, el campo, el bosque o allí donde vayan, porque son unos auténticos cerdos.

Son los que van a comprar los regalos de Reyes a las 23.00 de la noche y les dicen a la dependienta de la tienda que por qué no abren hasta las 24.00 para que les dé más tiempo a comprar más chuminadas a sus hijos a los que también educan a no pensar en los demás, mientras que la dependienta que lleva días comiéndose horas extra sin cobrarlas, además, ha de ponerles buena cara.

En fin... que me crispan.

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